Rufina Santana | Cartografías del Agua
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Cartografías del Agua

Cartografías del Agua narra, el recorrido vital del ser humano.
De la mano de los azules, y describiendo un mapa pintado, Santana nos invita a realizar un viaje, a recorrer la senda del héroe. Dicho viaje comienza atravesando las columnas de Hércules y sigue hacia un mar incierto, ese mar que a todos nos une, y que en el caso de las cartografías, es un mar de tradición mediterránea que une las Islas Canarias, el Jardín de las Hespérides, con el nuevo mundo.

SOBRE "CARTOGRAFÍAS DEL AGUA"

La pintura de Rufina Santana, es la pintura que habla del viaje, la memoria y el agua.

Un viaje del alma, que no es tanto literal, sino simbólico e incluso cósmico, como viaja el alma del que crea en un proceso de meditación y creación y luego dibuja un mapa, una cartografía que la artista escenifica a través de una impecable técnica, el mito y el azul.

Para ello se nutre de unos elementos de carácter representativo y simbólico; la barca, el barquero, el narciso que busca su propio reflejo ahondado en el elemento acuoso; el elemento sensible, el de los sentimientos, el que más nos afecta de forma directa en todas sus posibilidades; la alegría de la lluvia, la conmoción ante un mar embravecido o el reflejo y perplejidad de la percepción de nuestra “propia imagen” ante la quietud de un estanque.

Citando las palabras del profesor D. Antonio Manuel González en su texto para el catálogo de la exposición “Cartografías del Agua” de Rufina Santana en el Centro de Artes Plásticas de Gran Canaria (2013); “Es en el gran imaginario de la aguas “narcisistas” donde nuestra artista ha tratado de encontrar las claves de su propia pintura… El agua arrastra todo el paisaje hacia su propio destino. En especial, las aguas profundas que llevan dentro de sí todos los secretos del mundo. Narciso se profundiza en su propio reflejo. Descubre la insondable profundidad de su imagen reflejada en el limo oscuro de los abismos oceánicos”.

Pero no sólo Narciso se encuentra en el imaginario y el sentido de la reflexión de la artista.
En ocasiones, encuentra en Tanizaki nuevos valores para unas aguas de candores femeninos y apasionados. Se expresa así Santana en torno al mito; “Imagino a las damas del lago, navegantes como sirenas, cuyos cantos hechizan a los hombres y se deslizaban uniendo sus barcas a las de los pescadores en las noches de luna grande. Ahora imagino a Tanizaki, sentado entre las canoas, bebiendo y tratando de recordar…. ¿Donde estarán ahora las mujeres flotantes?”

Tampoco olvida a los que parten con el viaje, emigrantes que trasladan su cuerpo y su memoria, dejando en el lugar anhelado el corazón desgarrado.
Y aparece en su pintura, de nuevo, redundante, el agua y la barca. “El simbolismo ancestral de la barca- escribía en otra ocasión D.Antonio M. González- remite a toda una tradición que sitúa el Paraíso en una isla remota, hacia donde es posible retornar “mediante un viaje a los confines de la memoria””. Idas y venidas protagonizadas por heroicos Ulises que se enfrascan en viajes, a través del melancólico mar, anhelantes de retorno.

En definitiva, es la obra de Rufina Santana, un compendio de reflexiones sensibles e intelectuales, traducidas en magnéticas obras pictóricas y elocuentes instalaciones que pronto son asumidas por el espectador.

Cumple así su pintura las dos primordiales expectativas; la sobresaliente técnica y el perfecto acoplamiento de ésta con el discurso prepulsor de su obra.

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